


De acuerdo con Fisas (1998) la cultura de paz es entendida como un proceso relacionado con la superación, reducción o evitación de todo tipo de violencias, la cual requiere de la capacidad y habilidad para transformar los conflictos, para que, en vez de tener una expresión violenta y destructiva, las situaciones de conflicto puedan ser oportunidades creativas, de encuentro, comunicación, cambio, adaptación e intercambio. Se trata, de crear una nueva cultura, que integre discursos, valores, representaciones y actitudes al servicio de unas relaciones intergrupales más justas y solidarias (López y Sabucedo, 2007, citado por Barreto, Borja, Serrano, & López-López, 2009)
Por tanto, teniendo en cuenta lo anterior, la cultura de paz termina por convertirse en:
"Una tarea educativa que pasa por educar en y para el conflicto, para el desacuerdo, el inconformismo y el desarme, en responsabilizarnos, en movilizarnos, en transformar los conflictos, en llevar a cabo el desarme cultural, en promover una ética global y en buscar un consenso fundamental sobre convicciones humanas integradoras, entre otras cosas" (Fisas, 2011, p. 4).

La educación para la paz, ha de ser una esfuerzo capaz de consolidar una nueva manera de ver, entender y vivir el mundo, desde el propio ser y continuando con los demás, propiciando un
clima de confianza, seguridad y autoridad a las personas y a las sociedades. (Fisas, 2011).